09-Diciembre-2002
tica es análoga a la guerra . En una votación legislativa , como si fueran generales, el presidente, los secretarios de Estado, los coordinadores parlamentarios y los líderes de los partidos deben ser capaces de medir la fuerza de sus adversarios y de contar con más gente que el contrario en el lugar mismo del choque, ya sea éste la reforma eléctrica o la reforma fiscal .
El que triunfa es aquél que logra tener la supremacía en cada combate, aunque en conjunto sea el más débil. A dos años de dirigir los ejércitos del cambio, Vicente Fox no ha triunfado en ninguna batalla importante. Y es que aún no comprende la lógica de la política parlamentaria, la única viable para el futuro de México. Los votos y la regla de la mayoría excluyen automáticamente el voluntarismo mesiánico que lo caracteriza. Lamentablemente, en estos dos años, Vicente Fox no ha comprendido aún que el único lugar que puede controlar con su mente es su propio cuerpo y que para gobernar se requiere llegar a acuerdos.
El recuento del malestar entre sus tropas es largo: las promesas incumplidas , los desmentidos diarios , las malas traducciones, el conflicto abierto entre los miembros de su plana mayor, los desplantes pirotécnicos de sus giras, etcétera. Durante su campaña todo era oro y miel . Hasta sus derrotas más vergonzantes supo convertirlas en victorias. El martes negro previo al debate se convirtió en un eslogan sencillo y eficaz: hoy, hoy, hoy. Quizá él era el único que no estaba sorprendido por su propia grandeza. El cambio había llegado , él lo encarnaba y el cielo era el límite.
Sus retos para los próximos cuatro años siguen siendo los mismos que al inicio del sexenio: asegurar la legitimidad de la acción pública , generar acuerdos, garantizar la gobernabilidad democrática , reducir ambigüedades y, sobre todo, aplicar una visión de Estado más allá del pragmatismo electoral . Esto último preocupa particularmente porque las elecciones son el ámbito donde más cómodo se siente el presidente y donde ha cosechado sus mayores éxitos. Sin embargo, también ha sido la fuente de mayor desencanto entre la población.
La dirección del cambio no ha quedado clara en estos dos años. Subyacente a la idea de sacar al PRI de Los Pinos estaba la idea de que la política dejara de contaminar a la administración. Vicente Fox tiene cuatro años por delante. Tiempo suficiente para entregar buenas cuentas o hundir al país. Más allá del límite temporal de su mandato, él mismo será el artífice de su imagen ante la historia. Imagen que puede ser la de un gran presidente, un general, un hombre de Estado, que supo equilibrar las tensiones entre gobernabilidad y cambio; o la de un farsante que defraudó al país, que obtuvo el poder y lo regreso. El tiempo dirá.
|