19-Agosto-2005
A pesar de la estabilidad macroeconómica alcanzada, México está en un polvorín que puede estallar en cualquier momento y pretende no darse cuenta. México está inmerso en otra borrachera petrolera, y como los enfermos de alcoholismo, se lo niega a sí mismo. Y es que los excedentes petroleros de alguna suerte han sustituído a la reforma fiscal. Todos hacen como que no ven y no escuchan los gritos de advertencia en el sentido de que si caen los precios del crudo peligran las finanzas públicas. Nadie hace caso a las advertencias de los analistas internacionales que sostienen que los elevadísimos precios del crudo anticipan una crisis. En cambio, la discusión del presupuesto para 2006, sin duda, estará centrada en la fijación del precio del petróleo que habrá de disponerse en los Criterios Generales de Política Económica. ¿En cuánto lo fijamos? ¿En 27 dólares por barril; en 30 o en más? La propuesta implícita, es la de comenzar a repartir, lo que no existe. Es decir, repartir riqueza que todavía no existe. México está jugando a los volados con el precio internacional del petróleo. En ese contexto, el secretario de Hacienda Francisco Gil Díaz ha tenido que recurrir a otras fuentes de ingreso, por medio de modificaciones del año pasado a la Ley del ISR, para cambiar el sistema de inventarios y para gravar las prestaciones laborales a partir de 2006. Hasta ahora, ninguna reforma fiscal le ha acomodado a los legisladores. Hasta ahora los excedentes por la factura petrolera han sostenido el gasto presupuestal. Las cifras que maneja el senador Alejandro Gutiérrez son alarmantes. En los últimos dos años y medio el gobierno ha tenido ingresos adicionales por 332,506 mdp y la mitad de esa cantidad se ha destinado al gasto corriente, que incluye la nómina de los servidores públicos, pensiones, gastos administrativos, subsidios y transferencias. Una quinta parte se ha canalizado a los estados y otra más para el pago de las Adefas (Adeudos de la Federación Atrasados), y la amortización de los Pidiregas. En cambio, para obra pública se destinó sólo 5% del total de los ingresos públicos excedentes generados en los últimos dos años. Desde enero de 2003 hasta junio de 2005 los ingresos públicos estuvieron por arriba de lo programado y fueron equivalentes a lo que se preveía obtener con la reforma fiscal. Mejor hay que ver en cuánto va a estar el precio internacional del petróleo y con eso la seguimos gozando. Hasta algunos despistados industriales, como el presidente de la Canacintra Cuauhtémoc Martínez seguramente contagiado por la irresponsabilidad de los legisladores, propone destinar parte de los excedentes para la construcción del indefinido megaproyecto petroquímico El Fénix. Parece que la irresponsabilidad es una enfermedad contagiosa. Y luego los legisladores se preguntarán: ¿por qué no crece económicamente el país si tenemos tantos excedentes petroleros? ¡Así están las cosas!
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