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Mitos y debates obsoletos

Mitos y debates obsoletos

01-Nov-2004 El Universal Reportes de resultados y acciones

Parafraseando a Paul Bairoch, los mitos son conocimientos erróneos de la historia económica compartida por economistas, científicos sociales, políticos o el público en general. Los mitos pueden tener diversos orígenes y agarraderas, pero arrancan de diagnósticos no totalmente divorciados de la realidad y entremezclados con los paradigmas del orden económico universal de la época.

  • La ideología de las últimas cuatro décadas redescubre las bondades del mercado y los males asociados al Estado, la primacía de la libertad económica individual sobre los derechos colectivos. Esas nociones cobran vigencia en México y América Latina frente a los excesos gubernamentales que hacen crisis en la década de los 80, con déficit presupuestales enormes, inflación desbocada y depreciaciones cambiarias. Combatir los dispendios gubernamentales y acabar con las tendencias a la hiperinflación cobró validez, como también abandonar el proteccionismo interno para centrar los esfuerzos en el aprovechamiento de los mercados internacionales.

  • Llevar adelante esas transformaciones obligó a exageraciones ideológicas con el fin de convencer y pasar por alto los costos del cambio de estrategia. Se olvidó que los mercados son construcciones estatales usadas por las sociedades para ganar eficiencia y facilitar la formación de capital, pero que necesitan del Estado con el fin de equilibrar a las fuerzas sociales y armonizar las demandas del exterior con la democracia interna. Los resultados de aferrarse acríticamente al mito están a la vista: auge del comercio exterior que convive con concentración del ingreso, pobreza, resquebrajamiento del pacto social. Las metas sociales siempre son diversas, por más que unas sean más apremiantes que otras. Además, es erróneo concebir las acciones públicas como si estuviesen segmentadas en compartimentos estanco, como si economía, política y sociedad no tuviesen influencias recíprocas. Pensar, por ejemplo, que la alternancia política permite sostener invariantes las estrategias económicas sobre todo si son impopulares, es escapismo que acaba desprestigiando a la democracia.

  • En México esa situación está en el trasfondo del desbarajuste político que afecta a los partidos y a las cámaras legislativas. No es la solidez económica la que resiste con éxito los embates de las turbulencias políticas; más bien, es lo inadecuado de los diseños económicos lo que hace inmanejables la política y sus promesas. La falla no está en la politización de la economía, reside singularmente en la colonización de la política con criterios economicistas impuestos por intereses segmentados, propios o ajenos.

  • Los objetivos socioeconómicos se jerarquizan en torno de prelaciones, idealmente seleccionadas de manera democrática. Aun así, no siempre se prestan a ordenamientos secuenciales uno primero y luego el otro, no son invariantes en el tiempo, ni dejan de estar relacionados, apoyándose o contradiciéndose entre sí. Las acciones públicas han de estar enderezadas simultáneamente a atender diversos problemas. Salvo en situaciones críticas, no parece justificado abatir primero el alza de precios, condenando por largo tiempo al grueso de la población a pérdidas acumulativas de ingreso. De la misma manera, parece contraproducente emprender políticas expansivas, sin respeto a las consideraciones macroeconómicas fundamentales. Más sensato es combatir la inestabilidad de precios, sin descuidar los objetivos de empleo y crecimiento.

  • Pese a ello, se ha creado un mito en torno del combate a la inflación al convertirlo en la obsesión de las élites económicas nacionales, por encima de cualquier otra meta social. Al respecto, conviene tomar en cuenta que muchos de los principales factores caus