Alfredo
Elías Ayub, Director General de la Comisión Federal de Electricidad,
Daniel Yergin, Presidente de Cambridge Energy Research Associates,
Eduardo Andrade, Presidente de la Asociación Mexicana de Energía
Eléctrica,
Honorato López Isla, Vicepresidente Primero y Consejero Delegado de Unión
FENOSA,
Señoras y señores:
Me da mucho gusto compartir este espacio con los prestigiados especialistas que nos acompañan, todos ellos del más alto nivel profesional, cuyo conocimiento del sector energético garantiza el éxito de esta reunión.
El tema que nos ocupa, y que se refiere al óptimo aprovechamiento de los recursos energéticos de México, reviste la mayor importancia para el futuro de nuestro país y de la propia industria petrolera nacional.
Los hidrocarburos constituyen la principal fuente de energía primaria de la nación, representando en 2001 el 89 por ciento de la producción total de energía.
Sin embargo, en 2010 menos de la quinta parte de la producción nacional de crudo y apenas la décima parte de la producción de gas provendrán de yacimientos que actualmente están en explotación. Esto nos muestra, de manera dramática, el enorme esfuerzo que necesitamos hacer para descubrir y desarrollar nuevos yacimientos. La estimación de Pemex es que estas actividades requerirán una inversión de alrededor de diez mil millones de dólares anuales durante los próximos años.
La situación que he descrito pone de relieve la importancia de la producción nacional de hidrocarburos y la necesidad de contar con los recursos económicos para enfrentar con éxito los retos del futuro.
Sin embargo, la mera capacidad de financiamiento no es suficiente. También es necesaria una estrategia que considere cuidadosamente todos los factores técnicos y jurídicos involucrados en el proceso de crecimiento.
Para considerar todos esos factores, conviene revisar lo que acontece en el terreno internacional. En todo el mundo, el desarrollo de las empresas petroleras está determinado, en primer lugar, por su acceso a reservas y la posibilidad de reemplazarlas conforme se van agotando.
En segundo lugar, el nivel de desempeño operativo, tecnológico y administrativo de las empresas determina la capacidad para explotar los hidrocarburos de manera eficiente:
Las capacidades
operativas tienen un impacto significativo sobre las actividades de exploración
y de producción, destacando por su importancia, en cuanto a generación
de valor, la producción de crudo y gas.
Las capacidades tecnológicas de la industria petrolera mundial, que han
tenido un desarrollo extraordinario en los últimos años, determinan
crecientemente la rentabilidad de estas mismas actividades y las de procesamiento.
Las capacidades administrativas permiten una toma de decisiones ágil
y oportuna, la posibilidad de establecer alianzas estratégicas, así
como la reducción continua de costos y en general una mayor eficiencia
en todas las áreas de las empresas.
Y en tercer lugar, el desarrollo de las compañías petroleras está
determinado por la disponibilidad de financiamiento.
Paso ahora a revisar nuestra posición en los tres órdenes de evaluación que he mencionado: reservas; desempeño operativo, tecnológico y administrativo, y acceso al financiamiento.
A la fecha, México tiene reservas probadas de petróleo crudo por 17 mil millones de barriles y de gas natural por 15 mil millones de millones de pies cúbicos.
En cuanto a capacidad tecnológica, nuestra Empresa tiene ventajas competitivas en la extracción de crudo pesado y en la operación en aguas someras. Por otro lado, tenemos rezagos competitivos en la producción de gas no asociado, la explotación de yacimientos marginales y el desarrollo de campos en aguas profundas.
Por otro lado, las comparaciones internacionales que evalúan el desempeño operativo y administrativo nos colocan, en general, en posiciones intermedias. Tenemos amplias oportunidades para esforzarnos en mejorar y avanzar hacia los niveles de las empresas líderes en el mundo.
Finalmente, en relación al financiamiento, la principal fuente de Petróleos Mexicanos es el crédito, ya que la mayoría de sus obras se realiza con recursos de terceros tipo Pidiregas, además de la colocación de bonos y el crédito bancario, de contratistas y de proveedores.
Debido a las elevadas aportaciones que hace al fisco, desde 1998 Pemex reporta pérdidas después de impuestos. A largo plazo, ello puede reducir el acceso de la Empresa a los mercados financieros y encarecer su proceso de crecimiento.
Esta es, en grandes rubros, la situación de Pemex en los últimos tiempos.
Al inicio de la presente administración enfrentábamos un escenario de importaciones crecientes de gas, gasolina y petroquímicos; disminución de reservas y, en general, pérdida de valor de la Empresa, como resultado, principalmente, de un nivel insuficiente de inversión.
La disyuntiva era permitir el colapso o impulsar el crecimiento. Elaboramos entonces una estrategia orientada a la restitución de reservas y al aumento de la producción.
A la fecha, los principales proyectos de Petróleos Mexicanos en materia de exploración y producción se localizan en el Golfo de México, con la instalación de nuevas plataformas marinas; en el paleocanal de Chicontepec, donde contamos con una importante reserva de petróleo crudo; y en la Cuenca de Burgos, donde se localiza la mayor reserva de gas seco del país. Estamos ya sustituyendo en mayor medida lo que explotamos y simultáneamente aumentando la producción.
En materia de refinación, estamos concluyendo los trabajos de reconfiguración de varias refinerías y hemos iniciado los correspondientes a Minatitlán. Al mismo tiempo, estamos avanzando en otras acciones para la optimización del Sistema Nacional de Refinación.
En gas y petroquímica básica estamos trabajando en una mayor interconexión de ductos y en la construcción de plantas nuevas, a fin de satisfacer la demanda futura de movimiento de gas dentro del territorio nacional y a través de las fronteras.
En petroquímica hemos iniciado el Proyecto Fénix para la construcción de dos complejos, en asociación con empresas de reconocido prestigio, tanto del país como del extranjero. Si culminamos exitosamente este proyecto, podremos aumentar la oferta interna de productos químicos y reducir en más de una tercera parte las importaciones, que actualmente ascienden a cerca de diez mil millones de dólares por año.
Finalmente, quiero comentarles que hemos seguido avanzando en el desarrollo de los Contratos de Servicios Múltiples para la explotación de gas no asociado en la Cuenca de Burgos.
Este esquema, por su estricto apego al marco jurídico vigente, es un ejemplo de lo que podemos hacer dentro de las limitaciones que vive actualmente la Empresa, sin dejar de insistir en la pertinencia de llevar a cabo cambios de mayor profundidad en el entorno dentro del cual se desempeña.
Como puede apreciarse, ya hemos logrado importantes avances. Pero si queremos lograr mucho más, tendremos que profundizar en las siguientes líneas de acción:
Primero,
la Empresa necesita urgentemente un cambio de régimen fiscal que le permita
crecer de manera saludable. Con un nuevo régimen fiscal tendríamos
la oportunidad de financiar el crecimiento sin necesidad de recurrir a un endeudamiento
excesivo y, por tanto, preservando el patrimonio de Petróleos Mexicanos.
Esto representaría para la Empresa mayor autonomía financiera,
la posibilidad de liberar recursos para inversión en el mediano y largo
plazos, así como una mejora sustancial en sus proyecciones financieras
y en su capacidad como contribuyente al erario federal.
Segundo,
hace falta una mayor autonomía de gestión para no someter lo que
es una empresa pública productiva a las normas que se aplican para entidades
que no invierten ni generan ingresos, sólo gastan y representan costos
para el gobierno federal.
En la actualidad, estamos sometiendo a una normatividad absurda a una entidad
que tiene que ser muy flexible y muy ágil para reaccionar con oportunidad
a las condiciones del mercado, es decir, una entidad que tiene que moverse rápidamente
a la caza de oportunidades de negocios.
La asignación de responsabilidades plenas al Consejo de Administración de Pemex para consolidarlo como órgano superior de gobierno, entre otras medidas, permitiría a la Empresa alcanzar las mejores prácticas de la industria petrolera en el ámbito internacional, con plena responsabilidad sobre sus resultados operativos y financieros.
Y tercero,
si la legislación mexicana le permitiera a Pemex realizar mayores asociaciones
con otras empresas nacionales y extranjeras para el desarrollo de proyectos
a lo largo de la cadena productiva asociaciones en condiciones de absoluta
flexibilidad, atendiendo a las necesidades de cada proyecto específico,
tendríamos otra escala de operaciones y una mayor capacidad de ejecución.
Definir con amplitud nuevos mecanismos de asociación con terceros en
el territorio nacional nos permitiría crear dentro de la Empresa un entorno
más competitivo y eficiente, así como tener un mayor acceso a
inversión directa y nuevas tecnologías en múltiples proyectos.
Estos cambios -que en mi opinión son precondiciones de cualquier reforma de mayor alcance- necesariamente tendrían que traducirse en más beneficios sociales. Significarían aprovechar la oportunidad de transformar en recursos para el desarrollo una riqueza no renovable, comenzando ahora que las circunstancias son favorables para que el país obtenga durante los próximos 20 o 30 años los mayores beneficios.
Esto también se traduciría en una mayor capacidad del Gobierno para desarrollar sus programas de infraestructura productiva y gasto social, en más oportunidades de negocio para la iniciativa privada dentro del ámbito de Pemex, en mayor generación de empleos y en más bienestar.
Señoras y señores:
En todo el mundo se están dando esquemas de participación del capital privado que están permitiendo canalizar mayores inversiones a la producción e industrialización de hidrocarburos, mediante procesos de apertura con una visión moderna de negocios mucho más agresiva, buscando resultados inmediatos, pero también en el mediano y en el largo plazo.
Baste señalar las inversiones que están considerando hacer las empresas occidentales en Rusia, los proyectos de gas no asociado en Arabia Saudita, lo que viene haciendo desde hace tiempo Venezuela en materia de una mayor participación del capital privado y la sorprendente apertura y reducción del control estatal en China y en Cuba.
Gracias a la inversión privada, China ha desplazado a México en cuanto a reservas probadas de gas natural y petróleo crudo. Recientemente, las empresas Unocal y Shell firmaron un contrato con las empresas petroleras chinas para explotar 250 millones de pies cúbicos de gas en el mar territorial de ese país.
Por su parte, el gobierno de Venezuela firmó este año contratos con compañías petroleras privadas para que lleven a cabo trabajos en las aguas del Golfo de Maracaibo, mediante el procedimiento de parcelar la zona y asignar espacios de trabajo a las distintas empresas.
Todos los procesos de apertura que he mencionado están animados por los propósitos que antes señalé. Pretenden conseguir, simultáneamente, mayor acceso a reservas; mejor desempeño operativo, administrativo y tecnológico, y mayor financiamiento.
Si bien este proceso de apertura es consistente con una tendencia mundial, histórica, hacia una participación cada vez mayor del capital privado en la producción de hidrocarburos, en cada país es necesario reconocer los tiempos y las modalidades con que se ha dado, a fin de aprender de dichas experiencias y garantizar el éxito y la mejor realización de los planes de modernización que México requiere.
De no tomarse las previsiones adecuadas, la decisión de impulsar un cambio demasiado apresurado con toda seguridad resultaría contraproducente, ya que ni el país ni Pemex tienen, todavía, la experiencia que se requeriría para manejar una etapa de plena apertura con la debida eficacia.
Consideremos, por ejemplo, el tiempo necesario para construir el mecanismo institucional responsable de otorgar concesiones, así como desarrollar otras iniciativas para las cuales advertimos problemas que aún se necesitan resolver.
Al considerar estas iniciativas, valdría la pena preguntarnos: ¿Estarían los concesionarios obligados a vender sus productos a Pemex? ¿Los venderían directamente al mercado? ¿Podrían exportarlos? ¿Utilizarían las redes de distribución y las terminales de Pemex o tendrían que construir otras?
En el caso de los refinados, ¿se dedicarían exclusivamente a la exportación? Si no es así, ¿las empresas particulares abrirían sus propias estaciones de servicio o venderían sus productos a través de la red de estaciones franquiciadas por Pemex?
Compartimos totalmente la opinión de que es necesaria la participación del sector privado en la producción de hidrocarburos, ya que sus recursos de inversión, su experiencia y su talento son indispensables para que la industria petrolera nacional logre todo el desarrollo que su potencial permite.
Hoy es tiempo de echar cuidadosamente los cimientos de lo que queremos que sea la industria petrolera mexicana del futuro. Es tiempo de reconocer que, como en toda construcción, primero deben ponerse las bases y después levantar la obra piso por piso, estructura por estructura, detalle a detalle, para que al final tengamos un edificio sólido y confiable en el que haya lugar para todos y todos nos sintamos a gusto.
La impaciencia y el apresuramiento, tanto como la reticencia obcecada y el antagonismo estéril, sólo retrasan los cambios que México requiere.
Sin excluir a ninguno de los actores que deben participar, principalmente el Congreso, estamos haciendo el esfuerzo necesario para impulsar esto que, para Pemex, es un compromiso con México.
Muchas gracias.