En los pasillos de San Lázaro se escucha una pregunta interesante: ¿y si los excedentes petroleros se los damos a la gente? Pese al espanto de la Secretaría de Hacienda y de los gobernadores, esa idea ha venido rebotando en diversos lugares últimamente.
La propuesta que se está manejando es que a los ingresos extra que recibe el gobierno por el incremento del precio del petróleo, en lugar de repartirlos entre los estados se les dé un uso más tangible.
Pues muy fácil: utilizar esa lana para subsidiar las elevadísimas tarifas de gas y electricidad, que son las que realmente tienen ahorcadas a las empresas y a los hogares.
Habrá quienes digan que huele a populismo. Pero de que le den el dinero a un gobernador para comprar juguetes como un helicóptero a que se lo lleve un cristiano, pues suena más lógico esto último.