| En pocas cosas nuestros políticos se muestran tan poco preparados, tan ignorantes, como cuando abordan cuestiones económicas, sobre todo cuando deben hablar y operar en términos estratégicos. Ensarapados con términos que comprenden poco pero que utilizan mucho como neoliberalismo o globalización (como antes utilizaban imperialismo y capitalismo) o una endeble defensa de la soberanía, la mayoría de nuestros políticos simplemente no saben de economía, ni les interesa establecer una auténtica estrategia de largo plazo. Por eso, sus decisiones son, casi siempre, de la mayor inmediatez: tapan unos hoyos cavando otros. Los mismos que aplaudieron la nacionalización de la banca en el 82, apoyaron la privatización en el sexenio de Salinas, no entendieron porqué se dio la crisis del 94-95, ni comprenden ahora porqué es casi criminal tener paralizadas las reformas que el país requiere para poder avanzar en un marco internacional de creciente competitividad. Esta semana comenzó el debate sobre la Ley de Ingresos para el próximo año y los legisladores más serios y conocedores del tema se han resignado a tratar de sacar avances puntuales, casi insignificantes, para, simplemente, “acomodar” las finanzas públicas a las exigencias mínimas que demanda el presupuesto. En ese debate, se dejó de lado la propuesta fiscal que había surgido de la Convención Nacional Hacendaria y en el tema del IVA todo se quedará como estaba: 15%, con los actuales servicios y productos exentos, quizás puede haber algunos cambios mínimos en ese sentido, pero nada trascendente: tratar de explicarles que todos los países del mundo están siguiendo el modelo de desarrollo fiscal que ellos rechazan parece casi ocioso. Se plantea que el ISR disminuya paulatinamente y se homologarán algunos niveles para evitar que los sectores medios bajos sean los más afectados por ese impuesto. Ninguna medida buscará incorporar nuevos contribuyentes y la carga, como siempre quedará depositada en los causantes cautivos.
En los hechos, el presupuesto propuesto por el gobierno federal crece en términos reales para 005, pero en la ley de ingresos no aparecen los mecanismos de recaudación que permitan llegar a esas cifras, más aún al rechazar las opciones presentadas por la CNH (de la Convención Nacional de Contribuyentes ni hablar: los legisladores no tomaron nada significativo). Los diputados que trabajan seriamente en el tema se han resignado a que las reformas no saldrán, y han buscado opciones. Básicamente dos serán las que impulsen: por una parte, rechazar la propuesta de Hacienda de reducir el déficit presupuestal del actual 0.3 a 0.1% (la propuesta es que se mantenga en el nivel actual, con todo mucho más bajo que el de la enorme mayoría de las naciones industrializadas) y aumentar el precio promedio del petróleo para el año próximo de los propuestos 23 dólares por barril a 27 dólares. Las dos son propuestas viables: en realidad el ajuste que implicaría la reducción del déficit de 0.3 a 0.1 en un año que se espera de cierto estancamiento económico, parece acertada. Lo mismo sucede con el aumento del precio del petróleo, que seguramente oscilará, por lo menos, tres o cuatro dólares por encima, incluso, de los 27 dólares propuestos. Ante los límites impuestos por los legisladores que ven el IVA como un dogma de fe (lo que oculta en realidad un descarado oportunismo y muy poca responsabilidad política), en lugar de un instrumento de recaudación fiscal que como todo instrumento sus resultados dependen de cómo se utilice, las medidas propuest
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