Las discusiones presupuestales en curso, que ni remotamente podríamos calificar de análisis, nos dan una muestra más del nivel de irresponsabilidad de la inmensa mayoría de nuestros legisladores. No satisfechos con el engendro fiscal que aprobaron el año pasado y que, como se esperaba, fue un fracaso en términos de recaudación, de efectos negativos para varias actividades (por ejemplo, la industria de radiolocalizadores) y de abundantes vicios jurídicos que han llevado a que los contribuyentes ganen la mayoría de los juicios interpuestos, somos testigos de una ""creatividad"" sin límites para meterle mano al proyecto de presupuesto para 2003.
Para empezar, como no les gustó el monto de los ingresos presupuestados (demasiado bajo) pues muy sencillo, subamos el precio proyectado para el petróleo y listo. Además, le exigimos a Hacienda que ""cobre mejor"" los impuestos, que combata la evasión y la informalidad y que reduzca su gasto corriente. Asunto resuelto. Después, vamos con los egresos para cortar y repartir sin ningún criterio o base entre los distintos renglones y programas presupuestales. Súbanle tantos miles de millones al campo, otros tantos a educación, al programa carretero y bájenle a CFE, al IFE, o a quien se deje. Es decir, a quien tenga menor capacidad de presión y pataleo.
La irrupción en esta semana de barzonistas y maestros en la Cámara de Diputados que motivó una ""enérgica condena"" de la mayoría de los legisladores, no es sino el resultado de la propia conducta irresponsable de los congresistas. El que más estruendo hace, mayores posibilidades tiene de sacar algún beneficio presupuestal para su sector, Estado o región, ya que los señores legisladores asignan y reasignan los dineros sin ningún criterio económico racional.
Existen por lo menos tres problemas de fondo en esta situación. El primero, de todos conocidos, es que los recursos no alcanzan pero la mayoría en el Congreso no quiso tomar la responsabilidad de una reforma fiscal el año pasado, ni los gobernadores de los estados han querido ejercer la facultad de fijar impuestos estatales. Y en este sentido, el mismo PAN también fue cómplice al aprobar junto con el PRD el engendro del año pasado, ya que hubiera sido mucho mejor haber dejado las cosas como estaban.
Y ahora, por ejemplo, la propuesta de Hacienda de gravar el gas LP para uso automotriz, acreditable contra el ISR como mecanismo de combate a la informalidad y fuente de recursos, ya fue rechazada porque ¡cómo vamos a cobrar más impuestos! Populismo puro. El segundo problema se encuentra en que los cambios, recortes y reasignaciones presupuestales se están haciendo sin ningún criterio objetivo, racional o lógico. Todos quisiéramos que hubiese más recursos para educación, salud, programas sociales, infraestructura, etcétera, pero cambiar miles de mdp de un rubro a otro sin una base de costo-beneficio social solamente incrementará el derroche y la ineficiencia de los programas públicos.
Y, un tercer problema de fondo, es que detrás de toda esta dinámica persiste la lógica de que los problemas se resuelven con más dinero. Que el campo enfrenta la apertura agropecuaria de 2003 o que hay que mejorar la educación, pues hay que darles más dinero público. Si se gasta bien o mal, eso no importa. Evidentemente, no se ha aprendido de los numerosos casos patéticos de desperdicio sin límites de recursos públicos durante décadas en instituciones como Conasupo o Banrural, sólo por mencionar dos ejemplos.
Por esto es que, urge la reelección de legisladores en México. ¿Quién se ha hecho responsable del fracaso fiscal del año pasado y quién lo será del de este año? Nadie, ya que al fin y al cabo los actuales legisladores dejarán de serlo el próximo año. Mientras eso no ocurra, esperemos que el presupuesto de 2004 sea enviado al Congreso con el menor tiempo posible para su ""análisis"" y disminuir así la cantidad de absurdos que se le puedan incorporar. (Óscar H. Vera, En la mira)