Pese a que el entorno macroeconómico de este 2004 ha sido mucho más favorable que el del año pasado para la industria farmacéutica, aún así la expectativa de crecimiento para el cierre del año es de apenas de 2 o 3% y en volumen incluso se volverá a presentar por tercer año consecutivo una caída.
En este negocio hay preocupación, ya que aunque las exportaciones sí han crecido, sobre todo en algunas empresas multinacionales ligadas a la AMIIF, que preside Víctor Manuel Migueles, como por ejemplo Bayer, que lleva Georg Braunleder, o Boehringer-Promeco, que dirige aquí Carlos Sagasta, en el mercado interno la situación ha sido muy distinta.
Otra causa que podría explicar la baja en el volumen estaría en el avance de otros canales de distribución alternos al de la industria formal, que han crecido recientemente en concordancia con el boom que muestra la economía informal del país. Ya se habla de que al menos 25 millones de personas se encuentran ligadas a esa forma de vivir.
En este caso se trata de producto robado y falsificado que ingresa de manera ilícita por la frontera de EU y desde Puerto Rico, entre otros países. Aunque la industria incluida la CANIFARMA que encabeza Eric Hagsater han hecho las gestiones pertinentes con el gobierno para detener este otro fenómeno pernicioso, los resultados han sido todavía muy limitados.
Aunque obviamente no hay cifras muy claras respecto al tamaño de la falsificación y contrabando de medicamentos, se calcula que podría situarse ya entre 5 y 10% de las ventas totales del país, de un mercado farmacéutico que se sitúa en alrededor de 7,500 mdd.
En Brasil la informalidad en esa industria llega ya hasta 30%, e incluso en EU puede que signifique 10%. De ahí la preocupación de la industria formal y las gestiones que se han realizado directamente con la SHCP y Aduanas, que dirige José Guzmán Montalvo, así como Cofepris, que encabeza Ernesto Enríquez Rubio.
Para las firmas nacionales el entorno además se ha hecho más complejo debido a una serie de dificultades con el IMSS, que dirige Santiago Levy, en lo que tiene que ver con el abasto de medicamentos.
Entre los laboratorios nacionales más influyentes del país se pueden mencionar por ejemplo a Senosiain, de Héctor Senosiain; Silanes, de Antonio, Rafael y Juan López Silanes; Pisa, que maneja Alfredo Alvarez Páramo, por supuesto Chinoin, del propio Hagsater; Sanfer, de Javier Amtmann y Liomont, de Alfredo Rimoch, sólo por citar algunos.
En esta industria ya comenzó cierta cautela, de manera muy anticipada al fin de sexenio, por los forcejeos entre partidos y el riesgo del regreso de políticas populistas, similares a las que se han implementado en Venezuela, Perú, Brasil y Argentina.
En la industria farmacéutica el tiempo de maduración de una inversión puede ir de año y medio hasta tres años, dependiendo del proyecto, de ahí las reservas, pese a que irónicamente el PIB deberá crecer más de cuatro por ciento.