No habría necesitado mucho tiempo el presidente
George W. Bush para constatar que los demócratas de Washington son tan tenaces como los de Texas y que la famosa cooperación entre los dos partidos vendida al electorado durante la campaña es más fácil de prometer que poner en marcha: menos de tres meses después de su llegada al poder,
el Senado infligió el 6 de abril al nuevo presidente estadounidense
un revés táctico sobre la pieza matriz de su programa electoral adoptando un plan de baja de impuestos inferior en 25% al que había propuesto inicialmente.