El proyecto Fénix es preparado por Pemex, que encabeza Raúl Muñoz con la intención de auténticamente sacar de las cenizas a la industria petroquímica, cuyo retroceso es otro de los grandes costos que se han heredado al país en los últimos 15 años.
Quizá recuerde aquella controversia que se libró durante el sexenio de Ernesto Zedillo para abrir la IED al rubro petroquímico. Al final se aprobó la coinversión al 51/49 con el Gobierno. No fue bien recibida porque además prevaleció la incertidumbre en el suministro de la cadena de gasolinas naturales-etanol. Por si fuera poco, a ese producto se le ha dado un trato de combustible y no de materia prima, con lo que su cotización dobla el parámetro internacional.
Para el país, amén de que Pemex Petroquímica, que lleva Rafael Beverido, pueda reducir poco más de una tercera parte la importaciones de petroquímicos, que ascienden a la friolera de nueve mil mdd, Fénix permitiría recomponer varias de las cadenas de producción de esa industria tan lastimada, involucrando además a la IP en un segmento en el que su participación se ha mantenido muy acotada.
Pemex participaría con 30 ó 35%. Se espera que el primero pueda estar planchado hacia octubre, y significará una inversión de unos dos mil mdd y la eventual generación de diez mil empleos.
Entre los interesados a priori que hoy se manejan están compañías nacionales como Alfa de Dionisio Garza Medina o IDESA que encabeza Guillermo González Saldívar y que dirige José Luis Uriegas. Está también la estadounidense Dow Chemical, la canadiense Nova y la española Repsol, por citar algunos.
No sorprende que gobiernos como el de Tamaulipas de Tomás Yarrington, con Altamira, y Veracruz de Miguel Alemán Velasco contiendan por quedarse con Fénix.
El de Veracruz, vía su subsecretario de desarrollo económico Everardo Souza Landa, hombre de larga trayectoria en el ambiente empresarial del país, ofrece a los inversionistas que se queden con Fénix el terreno en Coatzacoalcos y una exención de impuestos locales por diez años.
Están convencidos de que esa zona tiene una vocación petroquímica inmejorable con los complejos Morelos, Pajaritos, Cangrejera y Cosoleacaque y que, por ende, el proyecto Fénix estaría eficientemente provisto de la mano de obra. Una encuesta reciente de la firma Alducín y Asociados destaca además las bondades de la competitividad laboral en esa zona.
En materia de infraestructura, la refinería de Minatitlán, en proceso de reconfiguración, está a un paso; además hay ductos que comunican al Pacífico, acceso ferroviario por medio de Ferrosur y una terminal de ferrobuques para llevar hasta 60 furgones diarios a Mobile-Alabama.
Asimismo se cree que su localización es idónea para abastecer lo mismo al DF que a Monterrey y EU. No en vano la presencia de muchas exportadoras en el Estado, como son Tenaris, que encabeza Paolo Roca, o Celanese, que comanda Francisco Puente Santamaría.
Hay que destacar el énfasis de Pemex para rescatar a nuestra industria petroquímica casi en ruinas, en medio de un clima de inversión de lo más cauteloso por la circunstancia política.