El escenario de una inminente guerra configuró un ambiente de volatilidad extrema que congeló los flujos globales de inversión y financiamiento, modificó todas las expectativas de crecimiento y distorsionó a los mercados, especialmente al cambiario. En México se ha traducido en una presión importante sobre el tipo de cambio y en un incremento en las tasas de interés.
El secretario de Hacienda Francisco Gil Díaz descartó, en Nueva York, que el gobierno mexicano intervenga para frenar la volatilidad del peso ""sería un desperdicio de dinero"" y añadió que el país aprendió la lección y por lo tanto, dejará que la cotización de la moneda sea definida por las fuerzas del mercado.
Insistió en que el gobierno dispone de un plan contingente, que no se modificarán las expectativas económicas y reconoció que aunque faltan algunas reformas ""nueve de cada diez propuestas de cambio presentadas por el presidente Fox, han pasado.
Guillermo Perry, economista en jefe del Banco Mundial (BM), en el informe Cerrando la brecha en educación y tecnología consideró que no se debe temer por las presiones al peso porque México es la nación ""mejor preparada"" de América Latina para sortear la incertidumbre, aunque sí lo afectaría que EU no tuviera un crecimiento de 3.25 a 3.5 por ciento.
En el informe se afirma que el sistema fiscal mexicano aún no se ha consolidado pues los ingresos no son suficientes para garantizar la estabilidad y el impulso continuo de crecimiento; además, señala que uno de los retos del país es abatir el déficit que tiene en materia de habilidades de profesionales y tecnología.
Analistas y operadores del mercado financiero aseguraron que, en general, se ha creado un clima de alta vulnerabilidad.
Otros actores:
William Maloney, economista del BM
(Reporteros: A. Salgado / I. Mayoral / Agencias)