Como el señor López Obrador insiste en que quiere ser presidente, dedicaremos éste y los siguientes artículos a analizar algunos de sus 50 compromisos, una serie de buenos deseos, pero que en su mayor parte están llenos de inconsistencias, muchos de ellos imposibles de cumplir.
Promete que no se incrementarán los impuestos en términos reales ni habrá nuevas contribuciones, además de que no se gravarán con el IVA las medicinas y alimentos, prometiendo además enfrentar la evasión.
López menciona tres fuentes de ahorro en el gasto público: quitarle las pensiones a los expresidentes, la reducción a la mitad del sueldo del presidente y de otros altos funcionarios públicos y la instrumentación de una política de austeridad en el aparato burocrático para ahorrar, según él, 100,000 mdp anuales.
Suena atractivo, pero no resuelve en lo más mínimo el problema estructural de las finanzas públicas, sobre todo al considerar la enorme presión que representan las pensiones del sector público, los Pidiregas, la deuda del rescate bancario.
Por consecuencia, sin tener recursos adicionales, la única forma de gastar en todo lo que prometió, es incurrir en un mayor déficit fiscal, a pesar de que prometió no hacerlo. Todo resulta ser muy inconsistente.