La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) se ha convertido en un instrumento propicio para que algunas empresas y emisoras inscritas en el Registro Nacional de Valores aprovechen sus mecanismos para participar en el mercado bursátil en condiciones francamente delictuosas, lo que ha motivado preocupación entre inversionistas y el inicio de una investigación interna.
Sólo como ejemplo está la actuación de la empresa QB Industrias, tenedora de la empresa Industrial Química de México y que elaboró documentos falsos para participar en la Bolsa. Miembros del consejo como Aroldo de Rienzo Betancourt, Carlos Bracho González, Jaime Lomelín Guillén, entre otros, son investigados por la PGR.
El que esta empresa mediante actos ilícitos haya logrado la autorización para cotizar, abrirá en la organización de la BMV, sobre todo cuando la Procuraduría Fiscal de la Federación y la SHCP en estudios y determinaciones que aportaron a la averiguación penal, categóricamente concluyen con el hecho de que QB Industrias y sus consejeros realizaron conductas delictuosas con el propósito de operar en el mercado mexicano de valores.
Mientras la BMV esté en la condición de ser fácilmente engañada, las relaciones de oferta y demanda del mercado accionario corren graves riesgos por la falta de moralidad de los participantes que pueden incluso desarrollar mecanismos fraudulentos para aprovecharse y atraer al sistema de valores capitales de origen oscuro.