Ahora, Muñoz Leos, a pesar de la guerra, de la incertidumbre y de la contracción económica, se muestra muy optimista de que tenga éxito este nuevo esquema, que busca la fabricación de nuevos complejos en los que participen industriales privados, tanto nacionales como extranjeros, y que desde luego no implica ningún cambio a la Constitución.
De acuerdo con Muñoz Leos, en abril se iniciará el primer proyecto de Pemex Petroquímica que se denomina Fénix, y que abarca la construcción de dos nuevos complejos con una inversión que supera los dos mil 500 mdd.
Sin embargo, por más rentable que resulte el proyecto Fénix, la realidad es que en el contexto de la inminente guerra en Irak se han frenado las inversiones y se ve difícil, por decir lo menos, que haya realmente consorcios extranjeros y mexicanos deseosos de participar con Pemex en la construcción de nuevos complejos petroquímicos.
Porque no es sólo la incertidumbre sobre la duración de la guerra sino sobre los efectos que realmente tendrá en la economía de Estados Unidos y por consecuencia del mundo, y si realmente habrá sanciones comerciales a países como Francia que han encabezado la oposición a la política bélica de Unión Americana.
Puso también los puntos sobre las íes, y ojalá lo entiendan así los legisladores, en el hecho de que las oportunidades que no brinda el petróleo son temporales porque en un par de décadas se alcanzará el tope en la producción de hidrocarburos y comenzará la declinación en la producción y la consolidación de nuevas fuentes de energía.
Es por lo tanto una especie de última llamada sobre la que reflexiona hoy el director de Pemex, y sería en verdad lamentable que por una miopía de los legisladores no se apruebe una reforma que permita aprovechar plenamente estos últimos 20 o 25 años de plena producción petrolera en el mundo, y definitivamente la paraestatal está atada de manos por su excesiva carga fiscal y porque no puede operar realmente como una empresa.